El movimiento vecinal tiene en la asamblea abierta al barrio su referente fundamental. En ella se informa, se toman decisiones, se nombra a los y las representantes, y en casos extremos se les revoca.
Es la instancia clave de participación de la base social y uno de los canales principales de conexión entre la asociación y el vecindario, que se complementa con otros mecanismos cómo las consultas populares o de barrio, las recogidas de firmas en apoyo de propuestas concretas, etc.
La asamblea suele ser o estar en el comienzo y en la continuación de las movilizaciones hasta el punto de que se constituye en uno de los mecanismos privilegiados de legitimación de las mismas a falta de un procedimiento como el de las elecciones sindicales.
La asamblea es, en definitiva, un ejemplo genuino de democracia directa.
La calle y la imaginación, a falta de recursos materiales, aparecen como ingredientes esenciales en la acción del movimiento ciudadano. Las plazas, viales, balcones y cualquier espacio público son y han sido usados como territorios de agregación, denuncia y reclamación.
No hay semana que pase sin que alguna AV organice o tome parte en una manifestación, concentración, pasacalles, mesa informativa…
Pero más allá de este tipo de acciones, que en ocasiones reúnen a miles de personas, el movimiento ciudadano ha hecho gala de enormes dosis de ingenio y creatividad a la hora de hacer llegar sus mensajes.
Desde el Gallo Vallekano, una mascota que, a modo de cobrador del frac, se convirtió en la pesadilla de los presidentes autonómicos, hasta bandos municipales o anuncios “alterados”, pasando por el teatro de calle y acciones directas de proyección mediática (encadenamientos o tomas de edificios públicos), la gama de acciones desplegada es tan profusa como variada. Y, en el centro, muchas veces, un recurso tan viejo como popular: el humor, la ironía.
Distrito 19, Pedimos la Palabra, El Alameda… una miríada de modestas publicaciones en barrios y pueblos de Madrid sirven como vehículos de comunicación de las AAVV con sus vecinos y con la ciudad.
Junto a las revistas, boletines y periódicos, medios como el cartel y la octavilla, que durante el franquismo se fraguaban a golpe de vietnamita (pequeña imprenta) clandestina, han sido siempre importantes herramientas para las AA VV.
En los 80 irrumpen las radios libres y comunitarias que, al igual que la “prensa de barrio”, fomentan una información anclada en el territorio y buscan la participación. Emisoras como Onda Merlín, Radio Enlace o Radio Almenara nacen y se desarrollan al calor de las luchas vecinales.
En el campo audiovisual, Tele K, la televisión de Vallecas, se convierte desde su creación en 1992 en un imprescindible referente.
En los últimos años, los medios en papel retroceden en progresión geométrica al avance de las web de los grupos vecinales, que han hallado en la red un poderoso altavoz y espacio de encuentro.
El movimiento vecinal se basa en la lógica de la presión-negociación: las AA VV y/o los representantes vecinales recogen las demandas ciudadanas y las trasladan a las administraciones con objeto de obtener decisiones políticas que las satisfagan.
Además de los muy numerosos acuerdos singulares a que llegan las AA VV con los ayuntamientos y con los Gobiernos regional y central a propósito de infinidad de reivindicaciones concretas, aquéllas también toman parte de acuerdos globales.
En la Comunidad de Madrid algunos de los más destacados han sido los planes especiales de inversiones en Usera, Villaverde, Villa y Puente de Vallecas, con el Gobierno regional, y los planes especiales de inversiones y actuaciones de los distritos de Tetuán, Latina, Carabanchel, Usera, Villaverde, Villa de Vallecas, Puente de Vallecas, Vicálvaro y San Blas con el Ayuntamiento de la capital. Con el Consistorio se han firmado también los recientes planes de barrio, una intervención que afecta a 16 de las zonas más desfavorecidas de Madrid. Con la Administración central hay que destacar la experiencia de la llamada remodelación de barrios.